miércoles, 10 de octubre de 2007

LA EDUCACIÒN PERUANA

LA EDUCACIÓN EN EL PERÚ DE HOY: ANÁLISIS, PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS

Por: Jorge Manuel Neyra Cienfuegos
Un partido de fútbol contra Brasil, Chile o Argentina, literalmente paraliza a los peruanos. Una competencia de matemáticas y ciencias entre alumnos de secundaria de los mismos países también nos deja paralizados, aunque no necesariamente frente al televisor.
Anualmente se realizan unas pruebas de medición del rendimiento en matemáticas y ciencias en las que participan la mayor parte de países desarrollados y algunos en vías de serlo. En 2005, por ejemplo, Colombia quedó en el penúltimo lugar entre los 41 países que se presentaron. Y Chile, que compitió en 2006, obtuvo el puesto 35 entre 38 países. Si consideramos que tanto Chile como Colombia llevan el liderazgo latinoamericano en cuanto a educación se refiere, la pregunta clave es: ¿Qué habría pasado si el Perú participaba en una de esas pruebas?

Toda esta historia viene a colación porque uno de los aspectos relacionados con la educación que más preocupa en el mundo es el de la competitividad, el mismo que está íntimamente ligado al rendimiento de los alumnos y a las horas que éstos dedican para estudiar.
En Estados Unidos, por ejemplo, se están creando, por demanda de los padres de familia y de los propios escolares, colegios que funcionen todo el año, pues se ha notado que los chicos norteamericanos están perdiendo perspectivas en términos de competencia respecto a los jóvenes europeos y asiáticos. En Chile, para no ir tan lejos, se dictan siete horas y media diarias de clases y en Colombia seis. En el Perú -cosa que parece no importarle a nadie- estamos en cinco horas en los colegios nacionales, y con un año escolar que dura 36 semanas frente a un calendario de trabajo, en los otros países, de 40 semanas.
El riesgo es que, si no aumentamos las horas de clases y el nivel académico de las mismas, los estudiantes peruanos, una vez terminada su educación, no van a tener un nivel suficiente de competencia.

Otro mal endémico, no sólo lo constituyen los alumnos con su bajo rendimiento y escaso conocimiento, sino la deficiente formación académica de casi la totalidad de docentes que laboran en instituciones estatales y de un número significativo de maestros que laboran en instituciones particulares. En los últimos 25 años se han creado universidades e institutos de educación a granel, los cuales expiden títulos de educador a personas abusivamente incompetentes. Ergo, sigue vigente la mafia del SUTEP, la cual es dirigida por una cúpula de “docentes” que buscan perpetuarse en el cargo y seguir cobrando sin trabajar en las aulas. Son ellos los que promueven los reclamos por mejores honorarios y las huelgas indefinidas, perjudicando en demasía al alumnado nacional.
Categóricamente, creo que un deficiente docente, así gane 500 soles mensuales, sigue siendo una perdida para el estado y un ser perjudicial para los educandos. Por todo ello, no es de asombrarse que los mejores profesores del país no sean, necesariamente, los que tienen un título de educador en sus casas.

El problema del nivel educativo en nuestro país ha llegado a unos niveles tan álgidos que, creo yo, merecen una reflexión muy objetiva y profunda.

En primer lugar, no es secreto, y es de esperarse por la situación actual, que nuestro país sea el último en Latinoamérica en desarrollo educativo. Las estadísticas de organismos internacionales como la UNESCO, nos indican que somos el último país en inversión educativa (apenas 2.8%) mientras que Chile le dedica 6% y Costa Rica, que es un país pequeño, lidera la educación en Latinoamérica con una inversión de 7% en este rubro. Ante ello, creo que hay poderosas razones para que los peruanos, bien nacidos en estas hermosas tierras, aceptemos gustosos el reto ineludible de participar de modo dinámico en mejorar la educación, convencidos de que el real desarrollo de un pueblo se mide por la calidad de educación que tiene su gente.

Frente a las opciones educativas que presentan los diversos colegios de nuestro medio, la mayoría de ellos persiste en la enseñanza tradicional, memorístico-.repetitiva y el dictado de clases (modelo TPM y BLA); aún los marketeados “colegios Preuniversitarios” (colegios que, desde mi particular punto de vista, hasta el nombre llevan mal puesto, ya que todos los colegios son, por lógica, preuniversitarios, por estar antes de la universidades como niveles de educación) son - salvo contadas excepciones - la expresión más clara de enseñanza tradicional, ya que allí, por experiencia propia como docente, no se hace otra cosa que dar o transmitir información, es decir, el profesor se convierte en un dador de conocimientos, privando al alumno de la posibilidad de recibir esas clases vivénciales que tanto enriquecen nuestra vida personal y nuestro bagaje cultural.

Cuando se habla de un colegio “exitoso”, que tiene el record de ingresantes, por el sistema de la “Primera Opción” o por examen ordinario, a las mejores universidades del Perú. ¿Acaso, en lugar de preguntarnos, cuantos ingresaron, no seria mejor preguntarnos por el porcentaje de ingresantes respecto de todos los alumnos que estudian en dicho colegio?
Cuando la publicidad nos abruma con su spot: “Prepara a tu hijo desde el colegio para ingresar a la universidad”, talvez deberías preguntarte ¿tienes que matricular a tu hijo en un colegio, mal llamado “preuniversitario” para que tenga el ingreso seguro a la universidad? ¿Tan escaso lo consideras como para que esté once años recibiendo una educación de ese tipo?

Desgraciadamente, en la mayoría de los casos recurrimos a ese mal necesario que son las academias para poder aminorar la distancia entre el nivel académico con el que sale un alumno promedio del quinto año de secundaria y la exigencia en el ingreso para la universidad. Pero, OJO, en ésta última si es aceptable una preparación de este tipo por el escaso tiempo del que se dispone y porque su finalidad es prepararlo exclusivamente para el examen de ingreso. Pero en un colegio, que es eminentemente formativo, es un homicidio intelectual para con nuestros hijos.

En ese sentido, no parece viable una educación basada en la memoria y en el claveteo de alternativas (a,b,c,d,e) y que sólo tiene como objetivo supremo el aprobar un examen de admisión. Y esto por dos cuestiones fundamentales: la universidad de nivel académico alto no se maneja con ese tipo de exámenes, basadas en el marcado de claves, sino en el análisis, redacción, interpretación, reflexión, síntesis, etc. Y más que eso, la vida misma, no esta basada en alternativas o en problemas objetivos donde todo es blanco o negro, donde las opciones de solución se excluyan o estén polarizadas.

Se carece de opciones serias y viables en educación; y todo esto viene aunado a una población que, por lo general, vive desorientada y no tiene claridad respecto del modelo de colegio que les conviene a sus hijos. Caen convencidos, ingenuamente, por el impacto del marketing criollo: “somos el colegio que más alumnos hace ingresar a la universidad”, Colegio con visión universitaria” o “Prepare a sus hijos desde niños para ingresar a la universidad”, etc. Estos spots publicitarios, por cierto muy bien elaborados y con rostros agradables, al final cumplen su subrepticio y principal propósito, el económico, y acrecientan el deterioro del nivel de enseñanza en el país.
Así, no sólo se detiene el desarrollo educativo, sino que se garantiza una regresión en educación.

Creo que eso amerita una reflexión por parte del estado, de los centros superiores, de los colegios, de los profesores, de los alumnos y, sobre todo, de los padres de familia, que añoran un futuro promisorio para sus hijos.

Nosotros, los maestros -y siempre alumnos- tenemos la responsabilidad de participar en un modelo piloto que tenga por misión dar educación en valores por una cultura de paz, con una interpretación genuina de los intereses de la población peruana, donde la formación integral vaya de la mano con la CPU en todos los grados de estudios y la formación tecnológica brinde a nuestros estudiantes la posibilidad de contar con herramientas que les permita agenciarse de recursos que la actualidad exige.
Creemos, y es nuestra prioridad, formar alumnos lideres, lideres integrales que busquen permanentemente la excelencia: académica, deportiva y artística, pero por encima de ellas, la excelencia en valores.
Debemos Trabajar para formar jóvenes de bien, solidarios, justos, libres, democráticos, con vocación de servicio, filántropos, que sean paladines de la paz, del medio ambiente, de su familia, de su país, de sus valores culturales. Seres pensantes, críticos, creativos, audaces, lectores autónomos, que sean solución ante los retos que depara la vida, que con alegría y optimismo acepten el reto de luchar permanentemente por su superación y por la edificación de un país justo y mil veces más hermoso.



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