LAS COMUNICACIONES Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO HUMANO
JORGE MANUEL NEYRA CIENFUEGOS
Desde que el hombre es hombre y ejerce su dominio sobre el planeta, paradójicamente la violencia parece haber estado ligada a la inteligencia.
En un inicio, la lucha por la sobrevivencia justificaba ciertos actos, ciertas actitudes e incluso filosofías; en la época de las cavernas la lucha y la caza eran cotidianas y necesarias para garantizar la continuidad; años después, esa lucha obedeció a causas menos altruistas.
Un ejemplo claro lo vemos en los libros de historia, que no serían tales si no albergaran en sus páginas historias de guerras y matanzas, siempre por la búsqueda de un poder absoluto y absurdo.
Claro es que, gracias a nuestra inteligencia, hemos podido dominar y comprender ciertas leyes de la naturaleza y alcanzar un desarrollo tal, que en un futuro próximo no nos sorprendería vivir en lo cotidiano lo que hoy es ficción. Las comunicaciones y tecnología son los campos en los que mayores adelantos se han dado y que siguen avanzando vertiginosamente sin límite.
Pero, del mismo modo, nuestra inteligencia o, mejor dicho, el afán humano por conseguir más en el menor tiempo posible, ha hecho que descuide puntos vitales para la vida en el planeta; tal es así que vemos daños irreparables en la capa de ozono, sin la cual moriríamos a efectos del Sol; talas indiscriminadas de áreas verdes y bosques, depredación inescrupulosa e indolente de diferentes especies, llevando a las más afortunadas al borde de la extinción, y muchas veces, a la extinción definitiva.
Así podemos ver que lo que en un principio, llámese los primeros albores de una civilización, se deformó hasta convertirse hoy por hoy en un negocio grande.
La globalización, sin duda, ha contribuido a trastocar los principios originales y ha colocado al hombre adinerado como ejemplo máximo y el sueño perfecto para obtener la felicidad. La moda, por ejemplo, cuya idea primigenia fue abrigar al ser humano expuesto a las inclemencias del clima, es ahora sinónimo de status; status, igual dinero; dinero, igual poder.
Nada tendría de malo vestir y verse bien, puesto que a todos nos gusta acicalarnos y cuidar de nuestra apariencia, pero si para gozar y "lucir" ese abrigo de visón soñado, carísimo, debe despellejarse al único autorizado por la naturaleza para usar esa piel, la cosa cambia. Año a año miles, millones de animales son muertos sólo para usar de ellos la piel, sendas capas con cabezas de zorro colgando, estolas, abrigos y demás; miles de animales son muertos en la experimentación de productos de belleza; cientos de animales torturados en crueles tradiciones, en fin, eventos que tienen éxito por lo poco que la gente conoce de ellos.
EL PODER DE LA PLUMA
Afortunadamente, la tecnología ha puesto a nuestro alcance los medios necesarios que permiten la difusión de diversos acontecimientos, salvando las distancias y horarios. Ahora se sabe a tiempo real lo que acontece al otro lado del orbe. Así pues, corresponde a los comunicadores tomar las riendas de un mundo desorientado, y aunque ya se sabe que no hay mayor ciego que el que no quiere ver, bien vale hacer el esfuerzo por difundir y concienciar a la población acerca de lo que hay realmente del otro lado del espejo.
Estoy seguro, y lo digo sin temor a equivocarme, de que muchos dejarían de usar ciertos cosméticos si supieran a qué experimentos fueron sometidos algunos animales para ello. Lo mismo con las pieles, tema sobre el que afortunadamente en los últimos años se ha tomado especial conciencia.
Estamos en la primera década de nuevo siglo, las ideas evolucionan, toda evolución supone un cambio. Para muestra, un botón, retrocedamos en el tiempo y veamos al niño de 6 años de hace 5 décadas: ingenuo, imaginativo, hasta cierto grado, diría yo, más puro. Ahora, avancemos hasta la época actual, imaginemos al mismo niño, las costumbres sin duda han cambiado, y este cambio es más terrible en los países más evolucionados.
En estos años de juventud, labor intelectual y experiencia como maestro, pude esbozar una teoría al respecto. La globalización de la comunicación nos enfrenta diariamente a una serie de acontecimientos terribles, muertes, accidentes, guerras; esto crea una especie de coraza en nuestro subconsciente y nos vuelve cada vez más insensibles, es decir, ya no nos choca ver un soldado decapitado como la primera vez; lo mismo pasa con los juegos en donde la violencia y la sangre siempre están presentes.
No quiero pecar de moralista, sólo poner sobre el tapete ciertos puntos que me preocupan sobremanera.
A la par con esta realidad infantil está el mundo de los adultos, lleno de ajetreos, prisas y ansias de dinero, que no deja tiempo para la conversación (el tipo más rudimentario de comunicación), en su defecto, el niño encuentra la televisión o la misma calle.
Es un círculo vicioso, el hombre necesita un cambio, ¡pero ya! Basta de medias tintas y de compromisos truncos, es hora de ver el problema de frente e involucrarnos con él. La palabra humanitario viene de humanidad y se dice de alguien que se conduele con la desgracia ajena, léase ajena como cualquier ser vivo. Si al niño se le enseña a participar de espectáculos crueles como una corrida de toros, por ejemplo, se está cambiando la emoción natural (la piedad) por una total indolencia; luego, esta indolencia no quedará allí, se verá reflejada en su vida futura, y ya no sólo será trasladada a animales, si no hasta a los propios congéneres. No es exageración, es sólo una proyección totalmente lógica.
Si no sembramos valores hoy, la vorágine del mundo moderno terminará por comernos y a nuestros hijos. Es momento de respetar la vida, para nosotros y la posteridad. El mundo y el devenir están en nuestras manos.
En un inicio, la lucha por la sobrevivencia justificaba ciertos actos, ciertas actitudes e incluso filosofías; en la época de las cavernas la lucha y la caza eran cotidianas y necesarias para garantizar la continuidad; años después, esa lucha obedeció a causas menos altruistas.
Un ejemplo claro lo vemos en los libros de historia, que no serían tales si no albergaran en sus páginas historias de guerras y matanzas, siempre por la búsqueda de un poder absoluto y absurdo.
Claro es que, gracias a nuestra inteligencia, hemos podido dominar y comprender ciertas leyes de la naturaleza y alcanzar un desarrollo tal, que en un futuro próximo no nos sorprendería vivir en lo cotidiano lo que hoy es ficción. Las comunicaciones y tecnología son los campos en los que mayores adelantos se han dado y que siguen avanzando vertiginosamente sin límite.
Pero, del mismo modo, nuestra inteligencia o, mejor dicho, el afán humano por conseguir más en el menor tiempo posible, ha hecho que descuide puntos vitales para la vida en el planeta; tal es así que vemos daños irreparables en la capa de ozono, sin la cual moriríamos a efectos del Sol; talas indiscriminadas de áreas verdes y bosques, depredación inescrupulosa e indolente de diferentes especies, llevando a las más afortunadas al borde de la extinción, y muchas veces, a la extinción definitiva.
Así podemos ver que lo que en un principio, llámese los primeros albores de una civilización, se deformó hasta convertirse hoy por hoy en un negocio grande.
La globalización, sin duda, ha contribuido a trastocar los principios originales y ha colocado al hombre adinerado como ejemplo máximo y el sueño perfecto para obtener la felicidad. La moda, por ejemplo, cuya idea primigenia fue abrigar al ser humano expuesto a las inclemencias del clima, es ahora sinónimo de status; status, igual dinero; dinero, igual poder.
Nada tendría de malo vestir y verse bien, puesto que a todos nos gusta acicalarnos y cuidar de nuestra apariencia, pero si para gozar y "lucir" ese abrigo de visón soñado, carísimo, debe despellejarse al único autorizado por la naturaleza para usar esa piel, la cosa cambia. Año a año miles, millones de animales son muertos sólo para usar de ellos la piel, sendas capas con cabezas de zorro colgando, estolas, abrigos y demás; miles de animales son muertos en la experimentación de productos de belleza; cientos de animales torturados en crueles tradiciones, en fin, eventos que tienen éxito por lo poco que la gente conoce de ellos.
EL PODER DE LA PLUMA
Afortunadamente, la tecnología ha puesto a nuestro alcance los medios necesarios que permiten la difusión de diversos acontecimientos, salvando las distancias y horarios. Ahora se sabe a tiempo real lo que acontece al otro lado del orbe. Así pues, corresponde a los comunicadores tomar las riendas de un mundo desorientado, y aunque ya se sabe que no hay mayor ciego que el que no quiere ver, bien vale hacer el esfuerzo por difundir y concienciar a la población acerca de lo que hay realmente del otro lado del espejo.
Estoy seguro, y lo digo sin temor a equivocarme, de que muchos dejarían de usar ciertos cosméticos si supieran a qué experimentos fueron sometidos algunos animales para ello. Lo mismo con las pieles, tema sobre el que afortunadamente en los últimos años se ha tomado especial conciencia.
Estamos en la primera década de nuevo siglo, las ideas evolucionan, toda evolución supone un cambio. Para muestra, un botón, retrocedamos en el tiempo y veamos al niño de 6 años de hace 5 décadas: ingenuo, imaginativo, hasta cierto grado, diría yo, más puro. Ahora, avancemos hasta la época actual, imaginemos al mismo niño, las costumbres sin duda han cambiado, y este cambio es más terrible en los países más evolucionados.
En estos años de juventud, labor intelectual y experiencia como maestro, pude esbozar una teoría al respecto. La globalización de la comunicación nos enfrenta diariamente a una serie de acontecimientos terribles, muertes, accidentes, guerras; esto crea una especie de coraza en nuestro subconsciente y nos vuelve cada vez más insensibles, es decir, ya no nos choca ver un soldado decapitado como la primera vez; lo mismo pasa con los juegos en donde la violencia y la sangre siempre están presentes.
No quiero pecar de moralista, sólo poner sobre el tapete ciertos puntos que me preocupan sobremanera.
A la par con esta realidad infantil está el mundo de los adultos, lleno de ajetreos, prisas y ansias de dinero, que no deja tiempo para la conversación (el tipo más rudimentario de comunicación), en su defecto, el niño encuentra la televisión o la misma calle.
Es un círculo vicioso, el hombre necesita un cambio, ¡pero ya! Basta de medias tintas y de compromisos truncos, es hora de ver el problema de frente e involucrarnos con él. La palabra humanitario viene de humanidad y se dice de alguien que se conduele con la desgracia ajena, léase ajena como cualquier ser vivo. Si al niño se le enseña a participar de espectáculos crueles como una corrida de toros, por ejemplo, se está cambiando la emoción natural (la piedad) por una total indolencia; luego, esta indolencia no quedará allí, se verá reflejada en su vida futura, y ya no sólo será trasladada a animales, si no hasta a los propios congéneres. No es exageración, es sólo una proyección totalmente lógica.
Si no sembramos valores hoy, la vorágine del mundo moderno terminará por comernos y a nuestros hijos. Es momento de respetar la vida, para nosotros y la posteridad. El mundo y el devenir están en nuestras manos.
2 comentarios:
porque dejaste de escribir PERSEO?
Los niños(hombres del mañana) hoy en día no estan protegidos ante tanta violencia en tv, en los videojuegos, la familia, se debe hacer algo al respecto...
Por ejemplo: maestros(como usted) que orienten a esos jovenes para que vean más halla de lo que se le dice en los noticieros, jovenes capaces de formar su propio pensamiento crítico.
Gracias por darnos una visión de nuestra realidad, para poderla mejorar, por el bien de nuestro país.
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